Con la carpeta apretada fuertemente entre las manos y el corazón rebosante de anticipación, Beth llegó a la puerta. Respiró hondo para calmar sus nervios y llamó a la madera.
—Adelante —la voz dulce y fina de Aurora llegó desde el interior.
Empujando la puerta, Beth entró en la habitación. Aurora, sentada en un sofá de felpa, estaba absorta en una pila de bocetos de diseño.
—Hola, señora. Soy Elizabeth Morgan.
Aurora levantó la cabeza y su mirada se encontró con la figura en el umbral. Por