Con manos temblorosas, Caroline recogió el documento; sus ojos recorrían el texto con incredulidad. Su visión se nubló por las lágrimas mientras la realidad de la situación la golpeaba como un puñetazo en el estómago.
Beth había firmado un contrato para ser la esposa de Alexander, no por amor, sino como un simple acuerdo. Las palabras en el papel parecían burlarse de ella; cada línea profundizaba la desesperación que amenazaba con abrumarla.
La voz de Claudia cortó sus pensamientos erráticos co