Fui una completa estúpida. Esas palabras resonaban en mi cabeza mientras mis pies daban vueltas en círculos sobre las baldosas de la oficina de Killian.
Las puertas corredizas de cristal se abrieron. Killian entró, seguido por el hombre cuya sonrisa me ponía los pelos de punta.
—¿Por qué caminas de un lado a otro? —preguntó Killian, dirigiéndose a su escritorio, a los archivos que había dejado antes de seguirme.
—Nada. Solo te estaba esperando. ¿Cuándo vamos a ir tras él? —Mis pies se detuviero