Mi familia siempre se había dedicado más al narcotráfico y al tráfico de armas que a la prostitución. Sin embargo, eso no significaba que no estuviéramos involucrados. Simplemente elegimos no participar.
Tampoco era que fuéramos moralistas, considerando que también traficábamos con órganos humanos.
La espantosa imagen que mostraba mi monitor me revolvió el estómago. El hombre al que mis hombres habían torturado para obtener información apenas parecía humano.
Finalmente, consiguieron sacarle inf