Me costó un gran esfuerzo no despedir en el acto al hombre que llamó puta a Ariella.
Me costó aún más aguantar el día sin desplomarme.
Sin embargo, el equipo de producción no había sido el único en oír algo.
Parecía que la llegada de Ariella había revolucionado a toda la empresa. Ruth me había contado todos los rumores que circulaban entre los empleados, y cada uno era más absurdo que el anterior.
Después de un día entero aguantando reuniones insulsas con cretinos arrogantes y todo tipo de resp