El escape del salón de baile fue un caótico borrón de cámaras parpadeantes y preguntas a gritos. Isabel no recordaba haber bajado por la gran escalera ni haber cruzado la lujosa alfombra del vestíbulo. Toda su realidad consciente se había reducido por completo al calor abrasador de la mano de Santiago, firmemente envuelta alrededor de su cintura. Prácticamente la cargó a través de la asfixiante multitud de reporteros, escudándola de las luces cegadoras con sus anchos hombros.
La pesada puerta d