En cuanto Benedict estuvo lo suficientemente lejos, la expresión de Angélica cambió.
—¿Qué carajos está pasando, Emma?
La dulzura desapareció. Su voz fue baja, afilada.
Emma mantuvo su mirada en la de su madre que, a diferencia de sus ojos azules. Tenía unos Iris marrones bastante intensos.
—Es