Capítulo 250
Los espejos de la boutique iluminaban la seda blanca que caía con fluidez hasta el suelo. Benett se giró despacio sobre el pedestal, acomodando con manos temblorosas la caída de la falda. Jamás había sido de las mujeres que fantaseaban con grandes banquetes o mantos interminables; su único anhelo, e