El jadeo que emitió Emma fue callado por un beso mucho más intenso que el del inicio. Sus manos se colocaron en el pecho de Benedict, intentando inútilmente crear una distancia que él no permitió; por el contrario, la presión de sus brazos se volvió cinco veces más posesiva, aplastándola contra su cuerpo duro. Su lengua entró en su boca y danzó con la de ella en una lucha de poder que no terminó hasta que sus pulmones aclamaron por oxígeno. Emma, jadeante y con las mejillas encendidas en un roj