Dimitri sentía las manos del hombre alrededor de su cuello, hundiendo su cabeza en el agua.
Eran manos de hierro, que lo mantenían sumergido en el agua.
Sintió que sus pulmones ardían mientras luchaba con su atacante.
Dimitri no podía pensar correctamente, su corazón latía descontrolado, su cerebro implorando por aire.
Sostuvo los brazos de su atacante, tratando de tirar de él, o controlarlo.
Pero el hombre, y Dimitri sabía que era un hombre por su fuerza, estaba preparado para eso.
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