La hembra los miró fijamente, y por más que Samanta no quisiera separarse de los brazos fuertes y calientes y Axel, lo hizo.
La otra hembra sabía quién era, y cuando se golpeó las pestañas y caminó hasta Axel, ella lo besó.
Samanta sintió una punzada en su corazón, y sus mejillas ardieron intensamente mientras veía cómo aquella hembra se enterraba en los brazos que ella acababa de estar.
¿Pero qué tenía ella que ver con eso? Después de todo, aquel no era su compañero y aquella hembra sí, pos