Alice sintió el suave toque del macho, sus dedos calientes como brasas sobre su piel helada. Cerró los ojos con fuerza, dejando que las lágrimas cálidas cayeran por sus mejillas. Cada toque de él la hacía desear eternizar ese instante. Deseó con todas sus fuerzas poder vivir en ese momento.
— Abre los ojos, Alice. — Su voz era un susurro.
Ella abrió los ojos, solo para encontrarse con esa mirada verde bosque. Más profunda que el cielo y más peligrosa que el mar en tempestad.
Alice tragó saliva m