87. En mis manos
CRYSTAL
Había despertado sola; Ezra no estaba por ningún lado, aunque podía sentirlo cerca. Me quedé el resto del día en la habitación, mirando a través de la ventana la llanura donde está la manada de Ezra.
Muchos pensamientos vienen a mi mente: el Reino de los lobos, los niños inocentes, las personas vulnerables que no tienen la culpa de la avaricia por el poder.
Ellos no merecen eso.
Eder falló rotundamente y esta vez no voy a culparme ni a decir que fui yo la culpable; fue él, estas fue