86. Visitando una enemiga
EZRA
Bajé mi mano hasta su vientre, tocando la pequeña vida que creamos, que ella permitió existir.
Nunca lo creí de nuevo posible y ahí, dentro de su vientre, crece ese milagro, mi hijo, uno tan fuerte como yo, como ella, como él…
Abrí los ojos de golpe al comprender ahora las palabras de ese miserable. Mi hijo es mucho más poderoso; Crystal puede controlar el poder de mi cachorro mientras lo lleve.
¿Acaso el bastardo pretende que ella se enfrente a Eder? Eso jamás.
«Tal vez sea la única