Cap. 101: El carcelero
Marcos es arrojado sin piedad hacia el interior de una reluciente celda por el guardia que le dedica una sonrisa burlona. Cae sin siquiera lograr apoyar sus manos en el piso para amortiguar la caída, rueda en el suelo hasta soltar un quejido al sentir el impacto contra la dura superficie de la pared. Punzadas de dolor son emitidas por sus huesos magullados, haciéndole soltar un par de lágrimas que no le es posible contener. Mordiéndose el labio y con los ojos cerrados logra sentarse en el frio