El frío viento de la madrugada rozaba las calles vacías mientras Agatha y Samer se dirigían a su siguiente destino. El coche avanzaba a toda velocidad, y la tensión en el aire era palpable. Agatha miraba el paisaje urbano, pero su mente no estaba en la ciudad. Estaba en lo que estaba por suceder, en las decisiones que tendrían que tomar y en lo que estaba en juego.
Samer, al volante, mantenía su mirada fija al frente. No hablaba, pero Agatha sabía que él también estaba procesando todo lo que im