La mañana siguiente, Agatha despertó con la sensación de haber dormido poco, a pesar de las horas transcurridas. La conversación de la noche anterior seguía resonando en su mente, y aunque había intentado descansar, sus pensamientos no la dejaban tranquila. Samer había abierto una puerta, una puerta que, aunque le aterraba, parecía ofrecerle una oportunidad que nunca había imaginado. Sin embargo, algo en su interior le decía que no debía apresurarse. La última vez que se entregó sin pensarlo, l