Punto de vista de Eira
Unos sonidos tenues me despertaron de las profundidades de la inconsciencia. Un dolor me recorría cada centímetro del cuerpo; sentía como si me hubiera atropellado un vehículo, dejando solo pedazos.
Abrí los ojos de golpe, luchando contra la intensa luz que se filtraba por los altos ventanales. Sobre mí se extendía un techo blanco desconocido, prístino y estéril. La luminosidad era abrumadora. Mi cuerpo se estremeció, no por la luz en sí, sino porque había olvidado cómo e