Caine
El campo de entrenamiento se había vaciado hacía horas, pero el sonido del acero chocando contra el acero aún resonaba en mi cabeza, no desde el campo, sino desde algún lugar de su interior.
Me senté en los escalones de piedra que daban al patio, con los codos apoyados en las rodillas, mirándome las manos como si pertenecieran a otra persona. La luna había subido lo suficiente como para que largas sombras se extendieran por el suelo, convirtiendo la tierra compacta en un mosaico de líneas