Reina
La luz que se filtraba por las cortinas me pareció un insulto personal. Sabía que no podía ser el sol, y por alguna razón, solo me dolía el corazón.
No era una amante de la fantasía, pero ahora mismo, y sin abrir los ojos, sabía que la luz del sol me habría devorado.
Anoche había tenido sexo alucinante, en tantas posturas, que no me culparías si quería que la luz del sol entrara a raudales, solo para que pareciera sacado de un libro de fantasía. Gemí, intentando ponerme de lado, pero todo