Reina
Sentí a Tamar antes de verla, y esa fue la primera señal de que lo que fuera que estuviera a punto de ocurrir no sería nada bueno. Había algo en Tamar que emanaba una vibra que solo parecía presagiar fatalidad y demás, e incluso ahora, no me decepcionaba.
Hubo un cambio de presión en la habitación, sutil pero inconfundible, como si el aire se hubiera endurecido en torno a su propia mentira. Ophelia se enderezó primero, alisándose las mangas, adoptando una postura educada, como la que adoptan las personas cuando saben que los problemas acaban de entrar con perfume.
"Reina", dijo Tamar alegremente, con una voz tan dulce que me pudriría los dientes. "Oí lo que pasó. Vine a ver cómo estás".
Se quedó de pie junto a la puerta, con las manos juntas, con la preocupación claramente reflejada en su rostro. No se reflejaba en sus ojos. Nunca lo hacía.
No me incorporé, no sonreí y apenas moví la cabeza. Llámalo rebeldía o ser grosera, pero no me importaban las apariencias, y menos en ese mo