Caine
Fui a buscarla con sangre aún caliente en las manos. No literalmente. Me las lavé, las restregué hasta que me quemó la piel, hasta que Aaron llamó a la puerta y me dijo que se habían llevado el cuerpo y lo habían arrojado a algún lugar para que las aves del campo se alimentaran con él a su antojo.
Eso no debería haberme molestado mucho, pero su peso me perseguía de todos modos, pesado, coagulado y casi imposible de quitar de encima. Aunque todo aquello era devastador, algo más me asaltaba