Caine
No vino, y me irritó muchísimo. Odiaba equivocarme, pero nada se comparaba con el odio y la ira que sentías cuando alguien te decepcionaba justo en el último minuto.
Me dije a mí mismo que vendría. Me lo dije con la misma seguridad que usaba al dar órdenes, al doblegar los resultados a mi voluntad. Reina era predecible en cierto modo, al menos, esa maldita e incómoda conciencia suya. Si le importaba lo suficiente como para darle comida a escondidas, arriesgarse a que se fijara en mí, mira