Reina
El sueño nunca llegó. Por mucho que intentara forzarlo, o probablemente inducirlo, dicho concepto se negaba simple y vehementemente a tener algo que ver conmigo. Lo intenté, ¡dios!, de verdad que lo intenté, pero sentía que cuanto más lo intentaba, más se alejaba el sueño de mí.
Mierda.
Me quedé tumbada boca arriba mirando el techo hasta que dejó de parecer piedra y empezó a parecer un mapa. Lo había mirado tanto que cada grieta era ahora un camino, y cada sombra parecía un lugar donde al