Caine
Salí de su habitación con la mandíbula tan apretada que me dolía. Pero el dolor de mandíbula y demás no era nuevo para mí. Cuando eras el alfa de una manada que invadías y tomabas el control por la fuerza, era inevitable que hubiera idiotas inútiles que pusieran a prueba tu paciencia hasta el punto de que apretar las mandíbulas era la única solución que se te ocurría. Lo que no era normal era cómo se me aceleraba el corazón y cuánto me hormigueaba la piel solo por estar en la misma habit