Caine
Me paré frente al espejo alto, abrochando el último broche de plata de la chaqueta ceremonial que insistían en que usara. La odiaba, pero por alguna extraña razón, me la puse después de que los sirvientes la hubieran dejado sobre mi cama hacía un par de horas.
Había una nota pegada, y sabía perfectamente quién la remitía. Si no la quisiera tanto, créeme que la habría hecho trizas y habría entrado a la ceremonia con la ropa más básica que tenía. Pero claro, ¿me tomarían en serio mis nuevos