Caíne
El trono se sentía mucho más diferente de lo que recordaba. Quizás se deba a que no había pisado allí en años, o quizás a que el alfa anterior, que se le pudra el alma dondequiera que estuviera, había decidido despojar a todo el salón de la verdad. De todo lo que realmente representaba la verdad y lo que realmente había sucedido.
Maldito bastardo
Fruncí el ceño al observar el asiento frente a mí. Me senté de todos modos, con una mano apoyada en el reposabrazos tallado y la otra recorriendo los viejos surcos que mi padre me dijo una vez que fueron hechos por gobernantes que se aferraban con demasiada fuerza, hombres que cargaban con demasiado poder, demasiada rabia. Hombres como él, hombres como yo.
La venganza me supo a metal en la lengua, y llámame loco o lo que sea, pero en realidad saboreé el sabor. Quizás era yo, despiadado y malvado. Pero no me importaba. Para ser honesto, muchas cosas me importaban menos.
“Después de todos estos años…” murmuré para mí mismo, reclinándome y