Reina
Se me cortó la respiración en cuanto levanté la vista y lo vi. Sabía que lo que iba a decir era irónico, pero en cuanto mi mirada se posó en mí, no pude evitar desear que me hubiera dejado caer y morir. Al menos así no tendría que enfrentarme a ese monstruo.
O, menos monstruo, para ser más precisa.
Mi corazón se aceleró de nuevo, y esta vez no diría que lo culpaba. No era Caine, sino algo peor.
El hombre frente a mí sin duda tenía que ser uno de los guardias de Caine, un cambiaformas lobo leal a él. Era de hombros anchos, con armadura, y su mirada era fría en la penumbra. Sin duda, uno de sus hombres. Sus dedos se clavaron en mis brazos antes de que pudiera retroceder tambaleándome.
"¿Adónde crees que vas, princesa?" Preguntó, en voz baja, áspera, con un toque de diversión que me hizo subir la bilis a la garganta.
Princesa.
El título me golpeó como una bofetada. Mi familia estaba muerta, mi hogar derrumbado, y lo decía como si fuera una broma.
"Me... me voy", susurré. "Suéltame.