Aparte del aroma del alcohol en el aire, también había un sutil olor a rosa, el cual afectaba los sentidos de Mauricio.
Los dedos que delineaban sus labios eran increíblemente suaves...
Los ojos del hombre parecían ser envueltos por un torbellino de emociones. De repente, agarró a Valeria por la cintura y, en un giro, la presionó contra la pared, su voz ronca y profunda.
—No necesitas ducharte, no me importa —luego se inclinó para besarla.
Valeria inclinó la cabeza hacia atrás, su mente nublada,