—Señor Soler, —ella se adelantó para bloquear el camino del hombre—, veo que realmente te preocupas por tu amante. ¿Acaba de ingresar al hospital y ya has dejado el trabajo para venir?
—¿No debería preocuparme por mi amante? —preguntó Mauricio con voz grave.
La mirada de Valeria se endureció repentinamente y dijo con énfasis:
—¡Claro que deberías! Sería mejor que le prepararas una sopa nutritiva para que se recupere más rápido.
—Gracias por la sugerencia, señorita Ramírez, —Mauricio asintió y di