Después de todo, el dinero que Valeria había gastado en su puesto era suficiente para comprar varias bolsas de muñecos.
Valeria tomó los dos muñecos con gratitud.
El pulpo azul, al voltearlo, mostraba una cara sonriente de color rosa, una curiosidad bastante divertida.
Mientras Valeria y Mauricio se divertían en el río artificial del parque, un niño travieso lanzaba monedas a los cañones de agua, apuntando y mojando a los visitantes, riendo a carcajadas. Valeria, astuta, se puso el impermeable a