—¿Maestro, lo has oído? —Ella miró hacia el conductor—. ¡Vamos al hospital!
—Sí, sí. —El conductor asintió.
Mauricio temía que si decía una palabra más, Valeria lo callaría con cinta adhesiva.
Así que permaneció en silencio.
Después de llegar a la sala de emergencias del hospital, una enfermera limpió y medicó la herida de Mauricio, luego la vendó y le dio una pomada para que se la llevara a casa.
Cuando los dos regresaron al hotel desde el hospital, ya era de noche y la tormenta había cesado.
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