La carrocería del Mercedes negro estaba completamente sumergida en lodo y piedras, dejando solo un fragmento de la parte trasera visible. La intensa lluvia hacía que el lodo y las piedras se hundieran continuamente, enterrando el coche sin dejar ningún hueco. Era probable que la persona dentro ya hubiera muerto asfixiada.
Mauricio, con paso inestable, se acercó al vehículo, su rostro tenso y su expresión sombría. Empuñando herramientas, él y algunos rescatistas comenzaron a apartar el barro que