—¡Sí, sí! ¡Lo maté! ¿Y qué?\NLas palabras previas de Rosalía habían desenterrado y exhibido el corazón de Irene, dejándolo al descubierto.
Ya no tenía intenciones de esconder nada.
Con los ojos enrojecidos, fijó su mirada en Rosalía y dijo con rabia: —Él no quería divorciarse de mí. Se lo pedí muchas veces, pero siempre se negó.
—¿Cómo pudo ser tan egoísta? Sabiendo que estuve con Mauricio durante trece años y que sólo me casé con él por un impulso momentáneo... no quería dejarme ir.
—Sé que com