Valeria tomó la partitura que había terminado la tarde anterior y empezó a tocarla.
Si bien había imaginado cómo sonaría, escuchar la melodía alegre que brotaba de su preciado violín era como asistir a un festín musical.
A lo largo de su aprendizaje con el violín, había compuesto varias piezas, pero muchas le sonaban desafinadas.
Sin embargo, esta vez, ya fuera por su buen ánimo o la emoción que puso en ello.
La primera parte de la melodía le sonó maravillosa, sumergiéndose en su belleza.
Pero n