Valeria, conteniendo las ganas de lanzarle el celular al rostro, tecleó rápidamente: [¡Tú me forzaste! ¡Toma o no tomes la medicina, el que tiene dolor eres tú!].
Colocó las pastillas en la mesita de noche y se dirigió al baño para tomar su ducha.
Al salir del baño, después de secarse el cabello, esperaba encontrar las pastillas tomadas.
Sin embargo, al mirar la caja en la mesita, notó que no faltaba ni una sola. Y allí estaba Mauricio, recostado en la cama, leyendo un libro sobre finanzas que V