—Supongo que sí —respondió Sebastián, de manera evasiva.
No levantó la mirada hacia ella. Sintiéndose algo aburrido, abrió la caja de profiteroles y metió uno en su boca.
—Estos días han sido complicados para mí —suspiró Valeria—. Mau me ha dado dos libros de finanzas tan gruesos como ladrillos. Aparte de trabajar, he estado leyéndolos.
—¿Libros de finanzas? —Sebastián parecía sorprendido—. ¿Has comenzado a estudiar finanzas?
—Sí —los ojos de Valeria brillaron con un toque de diversión—. Mau dic