Valeria no recordaba cómo había regresado a su cuarto, la temperatura del cuerpo del hombre era tan caliente que al tocarlo sentía que la quemaría.
El celular en la mesita de noche no dejaba de vibrar. De vez en cuando se detenía por un par de segundos, pero rápidamente volvía a vibrar frenéticamente, como si quien llamaba no tuviera intención de rendirse hasta ser atendido.
El hombre la sostenía por la cintura. Al levantarse, Valeria vio de reojo la pantalla del teléfono.
Un poco fastidiada y e