—Deja de estar parada —dijo Mauricio—. Estar mucho tiempo de pie da dolor de espalda.
El tono del hombre seguía siendo frío, pero Irene pudo escuchar el cuidado en sus palabras, y la envidia y frustración en su corazón se disiparon al instante.
—Vale —Irene le dirigió una sonrisa ligera y pidió a los sirvientes que prepararan el café que a Mauricio le gustaba y lo llevaran al salón.
Valeria había estado preocupada por la muerte de su abuela, al encontrar a Rosalía, cuyo semblante era amable y er