La conversación los llevó, sin que ninguno de los dos lo planificara, a un boceto clavado en la pared con una chincheta oxidada.
Estaba lejos de los planos del complejo cultural, en una esquina del taller que Valentina no había mirado bien antes. No tenía membrete ni escala ni ninguna indicación de proyecto: era solo un edificio dibujado a lápiz, de líneas más suaves que los otros, con una planta baja muy abierta al jardín y una terraza en el nivel superior que claramente no era parte de ningún