La penumbra del hospital se aferraba a los pasillos como una bruma densa, cargada de ecos y promesas rotas. Valeria Cruz avanzaba con pasos rápidos, el bolso apretado contra su pecho como si pudiera contener el latido desbocado de su corazón. El contrato de Luis, escondido entre notas clínicas, era un peso invisible que la anclaba a una encrucijada sin salida. Cada palabra de aquel documento resonaba en su mente como un martillo: matrimonio, descendencia, fidelidad. No era una oferta. Era una j