Capítulo 8.2: Maestro Emmet.
Durante algunos segundos, Samael observó atónito al joven antes de soltar una risotada.
Era una risa siniestra, sin señales de diversión alguna, más bien, era una risa que casi rayaba en la locura.
― ¡Por favor! ―exclamó Samael ―A estas alturas ni si quiera una maestra podría detenerme, ¿qué te hace pensar que tú, un simple híbrido, sería capaz de tan siquiera hacerme un mísero rasguño? ―
― ¿A estas alturas? ―preguntó Emmet, quien comenzó a jugar con la esfera que había conjurado lanzándola h