XII

Ahora azotan cerca de las ventanas, lo hacen con rabia, incluso estrellan objetos contra las paredes. Me levanto y vuelvo a ver entre los tablones.

«Oh, Sam, seguro te estarás retorciendo de nerviosismo e intentando salir para buscarme. Espero que te calmes en algún momento y no hagas una locura».

—No te preocupes, no podrán traspasar mi seguridad. Cada que me ven o están cerca, suelen dañarme solo la valla o quitar el alambrado. Como verás, he reforzado esta casa lo suficiente como para que no me jodan más de lo debido. Por tu mirada sé que tienes muchas preguntas. Te contestaré la que más te molesta: empecé a remodelar mi hogar justo cuando empezó esto de la transición de esas criaturas y los problemas militares. Soy… conspiranoico, por así decirlo.

Inspiro, vuelvo a sentarme aún con los vellos como escarpias y aprieto los reposabra

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