XII

Ahora azotan cerca de las ventanas, lo hacen con rabia, incluso estrellan objetos contra las paredes. Me levanto y vuelvo a ver entre los tablones.

«Oh, Sam, seguro te estarás retorciendo de nerviosismo e intentando salir para buscarme. Espero que te calmes en algún momento y no hagas una locura».

—No te preocupes, no podrán traspasar mi seguridad. Cada que me ven o están cerca, suelen dañarme solo la valla o quitar el alambra

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