Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe recibe con sus orbes fijos en mis rasgos. Me dejo caer de rodillas frente a él y le regalo esa sonrisa que solía darle cada vez que cometía un error. Se sienta en sus patas traseras y eleva sus brazos. No me toca, solo intenta hacerlo. Lo obligo a que sus ásperas palmas se paseen por mis mejillas en ese gesto que hacía cuando se despedía de mí en mi niñez. Comprende por fin. Se separa con un resoplido y, por último, berrea con







