La brisa golpeó con fuerza la piel de su cuerpo, lo que hizo que Cristal abriera los ojos lentamente tras haberlos cerrado. En ese instante, Kogan y Rax la sujetaron y la ubicaron sobre sus hombros mientras se adentraban en el inmenso bosque.
Ella observó cómo, en pocos segundos, la destruida guarida del lobo desaparecía de su vista. Esto la hizo exhalar un gran suspiro de alivio, comprendiendo que había logrado calmar a su pareja y que nadie más resultaría lastimado.
De no haber sido por aquell