— No es tu culpa — mencionó Sabrina a Cristal. Ella volteó con mucha congoja al escucharla, ambas lunas habían permanecido en silencio, pero profundamente preocupadas, observando cómo intentaban detener al alfa sin éxito alguno. — Tou es muy astuto — añadió Sabrina con un tono contenido.
— ¡Sé que quieres hacerme sentir mejor! Sea o no mi culpa, ¡no puedes evitar que me sienta mal! — espetó Cristal con tristeza evidente, mientras volvía su mirada hacia su descontrolada pareja.
Cristal observó a