Rax caminaba por los oscuros túneles de la madriguera, llevando a su luna fuertemente sujeta de su mano. Cristal lo seguía y podía percibir el deseo que él tenía de pasar nuevamente la noche con ella.
— ¡No hagas eso! — suplicó Cristal con inquietud, viendo a Rax que se había detenido para empezar a besarla. Una vez estuviera fuera de la madriguera, él deslizaba sus manos por todo el contorno de su figura sin dejar de mirarla.
— Te beso cuando quiera y te toco donde sea — respondió Rax, llevando