Constantes susurros resonaban en la penumbra, arrastrándola desde las profundidades de su sueño. Cristal lentamente abrió los ojos al escuchar su nombre flotar en el aire repetidas veces, mientras unas manos firmes le tocaban el hombro.
— E… Elena… — murmuró soñolienta.
— Al fin, me ha tomado un tiempo lograr que despertaras — mencionó ella, observando como Cristal apoyaba las manos sobre la cama y se levantaba perezosamente. — Sé que no deseas levantarte, pero debemos comenzar a prepararte para