En un gran salón, Hiro y Kogan aguardaban la llegada de las lunas. Roland, con sus ojos en blanco, supervisaba que todo estuviera listo. Kogan, por su parte, había pasado toda la mañana intranquilo, luchando contra sus deseos de ir a ver a su luna.
Hiro observaba a su hermano mayor, notando su inquietud y comprendiendo el motivo. No era normal que un licántropo recién unido a su compañera estuviera alejado de ella. Sin embargo, entendía que Kogan temía que, al estar con Cristal, podría lastimarl