Cristal se encontraba rodeada por una densa oscuridad. Por más que caminaba, no encontraba un camino por donde seguir. No estaba asustada; sin embargo, sentía que debía hallar algo que le pertenecía.
— ¡¿Dónde estás?! — se preguntó con mucha frustración. — ¡Por favor, ven a mí! — suplicaba ella.
Cristal buscaba con desesperación en la oscuridad. De repente, vio unos iris dorados brillando en la penumbra. Con cautela, se acercó, y pronto distinguió la silueta de un imponente lobo.
El hocico de aq